En los días buenos y en los malos días, en el amor y en el desamor, en la tristeza y en las alegrías, en nuestra soledad y en nuestras compañías … Porque la POESÍA no es el medio, sino el contenido
Publicado el Vie/31/Dic/2010 por Juanferpt a las 00:30:36
A las doce de la noche, por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,
San Silvestre.
Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para
Salomón.
Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur.
Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?
Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco
del Arquero.
A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.
Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
del Arquero.
Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo
con sus alas membranosas el murciélago Satán.
San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales
mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes
inmortales.
Reza el santo y pontifica y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo y su brazo abarca el arco
y el Arquero.
Rubén Darío - ‘Año Nuevo’ - ‘Prosas profanas y otros poemas’ -1896-1901
Publicado el Jue/30/Dic/2010 por Juanferpt a las 00:30:28
Acabamos con este bello y preciso poema nuestro humilde y modesto homenaje a Miguel Hernández Gilabert en este centenario de su nacimiento.
Un poema que puede parecer triste, pues nos habla de la vida, del amor, de la lucha: ‘de las grandes pasiones y desgracias’. Pero el enorme humanismo de este gran poeta queda demostrado, por si alguien tenía dudas, con el verso final del poema: ‘Dejadme la esperanza’.
Leer a Miguel Hernández siempre es un placer. En sus poemas podemos descubrir su hondo sentimiento amoroso; su profundo compromiso con los más desfavorecidos; su terrible humanidad. Su verso es fuerte y preciso y nos atrapa en la luminosa poesía de aquel pastor de cabras que tomó el oficio de poeta y nunca se apartó de él. A pesar del hambre, a pesar del abandono, a pesar de la soledad, a pesar de la distancia, a pesar de la guerra, a pesar de la muerte…
‘Canción última’
Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.
Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa
con su ruidosa cama.
Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.
Publicado el Mie/29/Dic/2010 por Juanferpt a las 00:30:57
Triste, solitario, sentado en la barra
del bar que la fragua de mi pena fue
sé que mi cabeza regada de alcoholes
en algo pensaba, pero no sé en qué.
Una vez juramos que agotado el plazo
que hipócritamente concede el amor;
si acaso la vida quisiera encontrarnos
nos abrazaríamos con educación.
Cómo imaginarme que ese juramento
que el beso más dulce y más fiel rubricó
pasados tres años, o igual al momento,
de tus sentimientos algo lo arrancó.
Nunca me he llevado muy bien con la vida,
si algo he deseado me ha dicho que no,
me curo y me abre una nueva herida
y así me recuerda que no mando yo.
Se abre una puerta, el bar enmudece
y, al alzar la vista, un vestido azul
me lleva al pasado, y lo que me parece
no poder ser cierto, lo es; eras tú.
Mis ojos te llaman, buscan ese abrazo
que por tanto tiempo me ayudó a vivir
y otra vez la vida de un fuerte zarpazo
me dice: lo siento, lo tuyo es sufrir.
Pues viéndome hundido pero sin mirarme
pasaste altanera, tan cerca de mí
que el sable afilado de tu indiferencia
de ser una pieza me deshizo en mil.
Publicado el Mar/28/Dic/2010 por Juanferpt a las 00:30:17
Si hay un poemario que refleja más fielmente el compromiso de Miguel Hernández con la libertad y la justicia es su obra ‘Viento del pueblo’, editado en 1937 en plena Guerra Civil.
Sólo la simple lectura de los títulos de los poemas ya nos hablan de su gran contenido social:
‘Sentado sobre los muertos’,
‘Vientos del pueblo me llevan’,
‘El niño yuntero’,
‘Rosario dinamitera’,
‘Al soldado internacional caído en España’,
‘Aceituneros’,
‘Ceniciento Mussolini’,
‘Primero de mayo de 1937,
‘Canción del esposo soldado’,
‘Campesino de España’,
‘Pasionaria’,
‘Fuerza del Manzanares’,
etc.
‘El niño yuntero’
Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.
Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatifecho arado.
Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.
Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.
Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.
Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.
Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.
A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.
Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepurtura.
Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.
Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
resuelve mi alma de encina.
Le veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
u declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.
Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.
¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?
Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.
Miguel Hernández - ‘Viento del pueblo’ - 1936-1937
Publicado el Lun/27/Dic/2010 por Juanferpt a las 00:30:46
Voy a grabar tus nombres en mi cuerpo
antes de que la luna oscurezca la alegría de tus besos
o la plenitud de las distancias me conceda el sosiego profundo.
Voy a quedarme con tus nombres infinitos
antes de que la ausencia diluya los sabores de tu pubis
o la rutina de los días me regale el olvido implacable.
Voy a enredar tus nombres en mi vida
antes de que la melancolía arrastre el tacto de tus manos
o el deterioro de los años me secuestre el recuerdo pacífico.
Voy a guardarme tus nombres absolutos
antes de que el viento confunda el aroma de tu piel
o el abandono de las noches me traiga amaneceres desnudos.
Voy a conjurar tus nombres en mi verbo
antes de que la soledad difumine los colores de tus pechos
o la monotonía de las topografías me borre la memoria amada.
Publicado el Vie/24/Dic/2010 por Juanferpt a las 00:39:41
El miércoles presentó Bolo García su último poemario, ‘El sofá de los valientes’. Una obra de aforismos que son poemas y algunas poemas que son aforismos. En el acto estuvimos pocos, la poesía no es un espectaculo de masas, pero fue una gran experiencia, donde compartimos un buen rato (unas cuantas horas). Parece que hay alternativas a la televisión.
Aquí os dejo algunos retazos de esta obra:
Soy el acento de tus cabellos
—
Me espera un áire curtido en los quehaceres del deseo.
—
Belleza, tímido instante de quietud.
—
Tristeza
sosegada
amable
sutil
—
Llegué a un lugar donde la luz no era ella
—
Se me fue una mañana disfrazado de ayer
—
Amor eterno,
vaso de agua
—
Días mojados.
Canciones tristes de amor.
A pocos metros de la fuente el niño llora.
Un largo azar de membrillos.
Viajo en autobús.
Leo poesía clásica china.
La luz se impuso.
Afluente por la derecha.
La luna ascendía,
diálogo de las trompetas.
—
Ya no sufro cuando me dices hola
(De ‘El sofá de los valientes’ - Hipólito García Fernández ‘Bolo’ - Ediciones Amargord S.L. - Madrid 2010 - ISBN: 978-84-92560-51-6)