Conmovedor el útero hostil
clausurado a ciegas
bajo una ruda melena
de salvajes hebras,
blindado a lentas puntadas
de inefables dedos
en el fluir terrestre.
En su entraña la misma flor,
la misma flor fenicia
sumida en sus avatares,
transcurriendo sus viajes
con su fórmula secreta
repetida a obscuras.
Fúnebre marcha el clima
apretando el aire inmóvil,
acribillando la atmósfera
de frías espinas grises,
apenas perceptible su ardor
de húmedo patriarca generatriz.
Viejo patriarca de recias barbas,
en tu aliento de lúgubres fibras
la matriz conmovedora
su fruto a lentas punzada,
a imperceptibles sorbos
de zumos terrestres vertidos.
Los últimos ruidos del sol
remeciendo cáscaras y ungüentos,
enhebrando en tiernas enzimas
los misteriosos fluidos ciegos,
excitando la rural vagina.
Ahora el milagro del pan
hecho de portentosa harina,
el milagro de la creación
desde rubicundas linfas,
desde dávidas terrestres
en el goce uteral enardecidas.
Conmovedora matriz
abierta como un nido
de hostil ramaje erizado,
desgarrado en tus costuras,
crispada en tu parto triunfal
en un grito vegetal pasmado,
húmedo y verde en tu dolor silvestre,
tres huevos tu misterio oval
de búsquedas y entrecruces,
de subterráneas dendritas
libando con sutiles lenguas
en el tráfico de las substancias.
En mis trémulos dedos
el color reverencial,
la forma bruñida ardiendo
su fuego telúrico inscrito,
radiante de salud silvestre.
Ahora a tu destino fenicio,
ahora al tránsito vegetal
con tu tesoro agrario
a apagarte en la luz cenicienta,
a consumirte en el aire y el tiempo,
a regresar al útero terrestre,
a morir y a continuar viviendo.
Ulises Varsovia